El Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) se define como la ansiedad y preocupación casi constantes, presentes de manera crónica y excesiva, sobre temas como la salud, la familia, las relaciones interpersonales, el dinero o el trabajo, que resultan difíciles de controlar y que interfieren de manera significativa con las actividades cotidianas y las relaciones sociales (la persona "vive" en una constante anticipación "catastrofista", con la sensación más o menos constante de que "algo le va a pasar" o "algo va a pasar") Este estado de ansiedad y preocupación constante suele acompañarse por algunos de los siguientes síntomas:
La persona que padece TAG vive en un permanente estado de tensión y alerta, siempre anticipando la posibilidad de que ocurran hechos negativos y catastróficos en un futuro próximo, existiendo dos tipos de distorsiones en el modo de pensar y percibir o evaluar la realidad:
El Trastorno de Ansiedad Generalizada se estima que afecta a un 5% de la población, y es dos veces más común en mujeres que en hombres. Puede empezar en cualquier momento de la vida, su curso es variable, y tiende a ser fluctuante y crónico. A menudo los adultos que padecen TAG se sienten incapaces de recordar una época en la que no hayan estado preocupados.
CAUSAS DEL TAG
Aunque las causas exactas del TAG no se conocen, se sabe que la combinación de factores genéticos, biológicos, experiencias vitales y el estrés influyen en su inicio y mantenimiento. Es probable que las personas con este trastorno acudan muchas veces a su médico para que les trate síntomas como el insomnio, la fatiga o el dolor de cabeza, antes de que reciban el diagnóstico y el tratamiento correctos.
Las investigaciones sobre el TAG sugieren que al menos el 90% de las personas que lo sufren padecen otro trastorno del estado de ánimo u otros tipos concomitantes de ansiedad. Depresión, ansiedad social, trastorno de pánico o fobias específicas, son los más frecuentes. También puede acompañar a trastornos médicos, como la diabetes mellitus, la insuficiencia renal o el cáncer.
A nivel psicológico, la terapia cognitivo-conductual es la más utilizada por ser la única que ha demostrado su eficacia (la que mayor evidencia científica presenta a través de la investigación). Las estrategias utilizadas son:
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ANTICIPACIÓN APREHENSIVA.
La anticipación aprehensiva es el síntoma nuclear y más característico de la ansiedad. Se define como un estado mental de preocupación crónica, excesiva y difícil de controlar sobre sucesos futuros.
A diferencia del miedo (que es una respuesta a un peligro presente), la anticipación aprehensiva se proyecta hacia lo que podría pasar.
El "Y si...": La mente genera constantes escenarios negativos sobre eventos que aún no han ocurrido (salud, dinero, trabajo o familia).
Foco en la incertidumbre: El individuo siente que no tiene recursos para afrontar lo que viene, percibiendo el futuro como una amenaza constante.
Estado de alerta (Hipervigilancia): El cuerpo se mantiene en tensión física, como si estuviera esperando un golpe que nunca llega.
Desproporción: La intensidad de la preocupación es mucho mayor de lo que justificaría el riesgo real de la situación.
Cognitivas: Pensamientos intrusivos, rumiación y dificultad para concentrarse.
Físicas: Tensión muscular (especialmente en cuello y hombros), inquietud, fatiga y alteraciones del sueño.
Conductuales: Evitación de situaciones que generan estrés o necesidad constante de buscar seguridad y confirmación.
En psicología, es el criterio diagnóstico principal del Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG).
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